ALREDEDOR
La elección es suya
Entre paisajes, historia y sabores, el Alentejo se revela. En Horta da Moura, el tiempo se ralentiza y la mirada se expande sobre un territorio rico en naturaleza, cultura y tradición. Nuestra ubicación privilegiada invita a descubrir, con tranquilidad, todo lo que el Alentejo tiene para ofrecer a su alrededor.
La historia del CASTELO DE MONSARAZ
Erguida en lo alto de una colina en el corazón del Alentejo, Monsaraz es uno de los pueblos medievales mejor conservados de la Península Ibérica. Sus murallas encierran un mundo de calles de adoquines blancos, casas encaladas y una quietud que parece pertenecer a otro tiempo. Conquistada a los moros en 1167 por Alfonso Enríquez, se convirtió en una importante plaza militar del Alentejo, confiada primero a los Caballeros de la Orden de Santiago y, más tarde, a la Orden de Malta.
El Castillo de Monsaraz, del siglo XIV, domina el paisaje con imponencia silenciosa. Desde sus almenas, la vista sobre el Alqueva y las llanuras alentejanas es inolvidable, al atardecer, cuando el cielo se incendia de naranja y lila, se comprende por qué fotógrafos de todo el mundo vienen aquí especialmente para capturar este momento. En el centro del pueblo, la Iglesia Matriz de Santa María de la Laguna guarda pinturas murales góticas del siglo XIV y un retablo manuelino de rara delicadeza, mientras que en la plaza principal se erige uno de los rollos manuelinos mejor conservados del Alentejo.
El Castillo de Monsaraz, del siglo XIV, domina el paisaje con imponencia silenciosa. Desde sus almenas, la vista sobre el Alqueva y las llanuras alentejanas es inolvidable, al atardecer, cuando el cielo se incendia de naranja y lila, se comprende por qué fotógrafos de todo el mundo vienen aquí especialmente para capturar este momento. En el centro del pueblo, la Iglesia Matriz de Santa María de la Laguna guarda pinturas murales góticas del siglo XIV y un retablo manuelino de rara delicadeza, mientras que en la plaza principal se erige uno de los rollos manuelinos mejor conservados del Alentejo.
La belleza del ALQUEVA
La creación de la presa de Alqueva transformó el paisaje alrededor de Monsaraz de forma radical y sorprendentemente poética. Lo que era tierra seca se convirtió en un lago inmenso de aguas tranquilas que reflejan el azul intenso del cielo alentejano, dándole a Monsaraz una dimensión de isla suspendida. A pocos minutos de la villa, la playa fluvial de Alqueva es una de las más bellas y menos concurridas del país, con aguas tranquilas, arenas doradas y una vista a la aldea medieval a lo lejos.
Por la noche, Alqueva revela su secreto más preciado: el cielo. Reconocida como Reserva Dark Sky, una de las primeras del mundo, la región ofrece una bóveda estelar que quita el aliento, donde la Vía Láctea surge con una nitidez imposible de encontrar en casi cualquier otro punto de Europa occidental.
Por la noche, Alqueva revela su secreto más preciado: el cielo. Reconocida como Reserva Dark Sky, una de las primeras del mundo, la región ofrece una bóveda estelar que quita el aliento, donde la Vía Láctea surge con una nitidez imposible de encontrar en casi cualquier otro punto de Europa occidental.
OLIVOS MILENARIOS Y CAMPO
En los campos que se extienden alrededor de Monsaraz, la Horta da Moura es guardiana de un conjunto notable de olivos milenarios, algunos con más de dos mil años.
Sus troncos retorcidos y enraizados en la tierra roja alentejana son testigos silenciosos de civilizaciones que pasaron por aquí, romanas, moriscas, medievales, y continúan, año tras año, produciendo un aceite de calidad excepcional.
Pasear entre estos olivos es una experiencia de serenidad difícil de describir. La luz del Alentejo se filtra por el ramaje plateado de forma única, el silencio es interrumpido solo por el viento y el canto de las cigarras, y el olivar milenario se integra armoniosamente en el vasto mosaico de dehesa, viñedo y llanura que se abre hasta el horizonte sin obstáculos. Para quien visita Monsaraz, caminar entre estos árboles extraordinarios es uno de los momentos más memorables de la visita.
Sus troncos retorcidos y enraizados en la tierra roja alentejana son testigos silenciosos de civilizaciones que pasaron por aquí, romanas, moriscas, medievales, y continúan, año tras año, produciendo un aceite de calidad excepcional.
Pasear entre estos olivos es una experiencia de serenidad difícil de describir. La luz del Alentejo se filtra por el ramaje plateado de forma única, el silencio es interrumpido solo por el viento y el canto de las cigarras, y el olivar milenario se integra armoniosamente en el vasto mosaico de dehesa, viñedo y llanura que se abre hasta el horizonte sin obstáculos. Para quien visita Monsaraz, caminar entre estos árboles extraordinarios es uno de los momentos más memorables de la visita.